Quienes han sido diagnosticados con alguna enfermedad crónica (diabetes, cáncer, artritis, insuficiencia renal, etc.) experimentan diversos problemas, uno de ellos relacionado directamente con la enfermedad: como el dolor físico, cansancio, disminución o pérdida en las capacidades motrices, cambios metabólicos, cambios en el aspecto físico, entre otros. Algunos aspectos psicológicos son: incertidumbre hacia el futuro, “amenaza de muerte”, deterioro en la calidad de vida, ansiedad y depresión.
Ante el diagnóstico de una enfermedad crónica el
paciente entra en un proceso llamado duelo. El duelo es un proceso
psíquico necesario y adaptativo para afrontar una pérdida significativa como la
muerte de un ser querido, ruptura con la pareja o en este caso la pérdida de la
salud se caracteriza por una sensación de pérdida y mucha tristeza con poco o
nulo interés en el mundo externo. Consta de cinco etapas:
1.
Negación: sirve
para amortiguar el dolor ante una noticia inesperada, es temporal y se
caracteriza por la palabra no, “no estoy enfermo, no me puede estar
pasando esto a mí”. Cuando alguien ha sido diagnosticado es probable
que evada la realidad ignorando los síntomas de su enfermedad para alimentar la
creencia de que se encuentra “sano”; otra conducta incluye el visitar
diferentes médicos o realizarse repetidamente pruebas de laboratorio para
“comprobar” que el diagnostico anterior es erróneo y no posee enfermedad
alguna. A pesar de que la negación es una etapa necesaria puede poner en riesgo
la vida del paciente si su duración es larga ya que retrasa el inicio del
tratamiento médico requerido y por lo tanto la probabilidad de controlar la
enfermedad y los síntomas se reduce.
2.
Ira: en
esta etapa se piensa que la pérdida fue injusta y se caracteriza por quejas,
lágrimas y en especial por un gran enojo que en ocasiones puede ser dirigido
hacia la pareja, familia o personal médico, es común la presencia de
sentimientos de odio y envidia hacia quienes gozan de salud también culparse
por haberse enfermado. Suelen preguntarse “¿por qué a mí? ¿por qué me he
enfermado?”.
3. Negociación: la intensidad del enojo va disminuyendo
progresivamente y ante la dificultad de poder asimilar la enfermedad comienza
una lucha por hacer un pacto con Dios, el doctor, la vida u objetos en los que
se tenga fe para mejorar o revertir el estado de salud. “si me curo,
prometo ir cada domingo a la iglesia; si cumplo con todas las indicaciones
médicas ¿volveré a estar sano?”.
4. Depresión: la persona se da cuenta que no puede negar su
realidad ni revertirla, esta etapa es la antesala de la aceptación donde
predomina un profundo sentimiento de tristeza y los recuerdos de cuando gozaba
de salud. Aunque en todas las etapas es necesario escuchar y acompañar al
paciente, en esta es indispensable ya que hay mucho dolor psíquico que necesita
ser descargado, si la persona no cuenta con un espacio de expresión donde pueda
hablar sobre sus miedos y emociones se corre el riesgo de pasar de un estado de
tristeza a un estado de depresión más profundo, en el cual el camino para
llegar a la aceptación de la enfermedad será más largo y difícil.
5.Aceptación: de
forma gradual se ira “haciendo las paces” con la enfermedad. No es una etapa
feliz, sino una etapa en la que el paciente está plenamente consciente de su
condición médica y buscará la forma más adaptativa para sobrellevarla en todos
los aspectos: a nivel físico, psicológico y social.
Enfermedad
terminal
la familia también sufre ante la enfermedad terminal de un ser querido,
no se debe perder de perspectiva que es el paciente el que está padeciendo
directamente de los síntomas de la condición diagnosticada. Es importante
considerar que cada persona es un ser único e individual (aunque pertenezca a
la misma familia); lo que significa que cada uno tiene distintos tiempos y
diversas formas de enfrentar las circunstancias. Es en el respeto de estos
procesos donde radica la empatía y acompañamiento hacia la persona afectada.
Lo más importante dentro de estas situaciones es conectar con lo que
está sucediendo con las emociones, para poder abordarlo terapéuticamente y así,
hacer de ese camino, uno más transitable.
Fase 1: impacto y negación. El paciente recibe el
diagnóstico.
– Se cuestiona: “¿Por qué a mí?”
– Lo niega: “No puede ser. Buscaré otra opinión médica”.
Fase 2: Desorganización o conciencia de la pérdida.
La persona comienza a utilizar su mecanismo cognitivo para dar explicación
racional a lo que está ocurriendo
Fase 3
: Conservación y aislamiento. Muy común. Clínicamente se puede confundir con depresión, pero no necesariamente significa que sea así. Tienden a recluirse y no comunicarse con otros. Tratan de evadir cualquier contacto con sus redes de apoyo:– “Me cuesta hablar”.
– “¿Qué les podré comunicar?”
– “No quiero que me vean así”.
Fase 4: Cicatrización o re-acomodo. El paciente
tiene más aceptación de su condición e intenta reajustarse a su nueva realidad.



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