El
duelo es la reacción natural ante la pérdida de una persona, objeto o evento
significativo; o, también, la reacción emocional y de comportamiento en forma
de sufrimiento y aflicción cuando un vínculo afectivo se rompe. Incluye
componentes psicológicos, físicos y sociales, con una intensidad y duración
proporcionales a la dimensión y significado de la pérdida. En términos
generales es un proceso normal, por lo que no se requieren situaciones
especiales para su resolución. Se tiende a pensar en el duelo sólo en el contexto
de la muerte de un ser querido, pero también suele producirse como reacción
ante la pérdida de una persona amada o de alguna abstracción que ha ocupado su
lugar, como la patria, la libertad, un ideal, entre otros. En todo tipo de
situaciones vitales existe un grado de aflicción y duelo; incluso, cambios tan
corrientes como mudarse a otra casa o trasladarse a una nueva región pueden
implicar la sensación de pesar por la pérdida del contexto en el que siempre
hemos vivido y, a veces, del estrecho contacto con los amigos. Entre los
diferentes procesos de duelo que tienen que enfrentarse, el más doloroso se
refiere a la finitud de nuestra vida y la de los seres queridos. A medida que
transcurre la vida tenemos un contacto más directo y más frecuente con la
muerte, cada vez más cercana. Cuando mueren familiares y amigos, sobre todo si
son aproximadamente de nuestra edad, su pérdida nos enfrenta a nuestra propia
realidad y futuro inexorable. No toda muerte entraña, ipso facto, un duelo;
para ello es preciso que la persona objeto de la pérdida tenga importancia y
significado para el o los que le pierden, y que unos y otros tengan lazos de
unión estrechos. Lo esencial del duelo es el cariño (apego) y la pérdida. La
muerte imprime al duelo un carácter particular en razón de su radicalidad, de
su irreversibilidad, de su universalidad y de su implacabilidad. Una separación
no mortal deja siempre abierta la esperanza del reencuentro; la muerte, jamás;
de ahí que nos referiremos al proceso de duelo ante la muerte sin desestimar
que otras pérdidas pueden desencadenar respuestas intensas e impredecibles,
pero la muerte de un ser querido es la forma paradigmática de pérdida. La
intensidad del duelo no depende de la naturaleza del objeto perdido, sino del
valor que se le atribuye. Algunos estudios refieren que 16% de las personas que
pierde un familiar sufre una depresión durante el año siguiente, cifra que se
incrementa hasta aproximadamente 85% en la población mayor de 60 años de edad
(estudio de la Sociedad de Médicos de Atención Primaria).
EL DUELO NORMAL
Este
término abarca un amplio rango de sentimientos y conductas que son normales
después de una pérdida. La mayoría de los autores e investigadores piensa que
el duelo ante la muerte de un ser querido es una reacción humana normal, por
extrañas que sean sus manifestaciones. La derivación hacia el duelo patológico
se plantea cuando esas anomalías se extienden en el tiempo o derivan a otro
tipo de problema psiquiátrico.
ETAPAS DEL DUELO NORMAL
El
desarrollo clínico del duelo pasa siempre por los mismos caminos que
constituyen tres grandes fases:
1. El inicio o primera etapa: se caracteriza por un estado de choque más o menos intenso, hay una alteración en el afecto, con una sensibilidad anestesiada, el intelecto está paralizado y se afecta el aspecto fisiológico con irregularidades en el ritmo cardiaco, náuseas o temblor. La primera reacción es el rechazo, la incredulidad que puede llegar hasta la negación, manifestada por un comportamiento tranquilo e insensible, o, por el contrario, exaltado. Se trata de un sistema de defensa. La persona que ha sufrido la pérdida activa inconscientemente un bloqueo de sus facultades de información. Esta fase es de corta duración, se extiende desde el anuncio de la muerte hasta el término de las honras fúnebres.
2.
Etapa central: es el núcleo mismo del duelo; se distingue por un estado
depresivo y es la etapa de mayor duración. Al principio, la imagen del
desaparecido ocupa siempre y por completo la mente del doliente.
3.
Etapa final: es el periodo de restablecimiento. Comienza cuando el sujeto mira
hacia el futuro, se interesa por nuevos objetos y es capaz de volver a sentir
nuevos deseos y de expresarlos.
TIPOS DE DUELO
Duelo patológico
El
duelo anormal aparece en varias formas y se le han dado diferentes nombres. Se
le llama patológico, no resuelto, complicado, crónico, retrasado o exagerado.
En la versión más reciente del Manual Diagnóstico y Estadístico de la Asociación
Psiquiátrica Americana se hace referencia a las reacciones anormales de duelo
como “duelo complicado”. Como sea que se llame, es la intensificación del duelo
al nivel en que la persona está desbordada, recurre a conductas desadaptativas
o permanece en este estado sin avanzar en el proceso del duelo hacia su resolución.
Esto implica procesos que llevan a repeticiones estereotipadas o a
interrupciones frecuentes de la curación. Se tiende a considerar que hay riesgo
de duelo patológico cuando el dolor moral se prolonga considerablemente en el
tiempo; cuando su intensidad no coincide con la personalidad previa del deudo;
cuando impide amar a otras personas o interesarse por ellas y cuando el sujeto
se ve invalidado en su vida diaria, sin más ocupación que la rememoración del
muerto.
Duelo anticipado
El
duelo no comienza en el momento de la muerte, sino mucho tiempo antes. Cuando
se emite un pronóstico de incurabilidad, se produce tristeza en el familiar,
pero también una adaptación más o menos inconsciente a la nueva situación que
se acaba de crear. A partir de ese momento se crea lo que se ha llamado el
duelo anticipado, que ofrece a las personas involucradas la oportunidad de
compartir sus sentimientos y prepararse para la despedida.
Preduelo
Es
un duelo completo en sí mismo que consiste en creer que el ser querido ha
muerto definitivamente “en estado de salud”. El que está ahora a nuestro lado
ha sido transformado por la enfermedad a tal punto, que en algunos casos no se
le reconoce más.
Duelo inhibido o negado
Se
niega la expresión del duelo porque la persona no afronta la realidad de la
pérdida. Puede prevalecer una falsa euforia, que sugiere la tendencia
patológica de la aflicción.
Duelo crónico
Es
el que tiene una duración excesiva y nunca llega a una conclusión
satisfactoria. Un duelo crónico puede llegar a ocupar toda una vida. Cobo
Medina dice que existen personas estructuradas existencialmente por el duelo,
en las que éste determina el núcleo constitutivo de su existencia.
Cada cultura tiene sus propias creencias que describen cómo funciona el
mundo y los papeles de las personas en el mundo. En las sociedades que la
mayoría de las personas comparten la misma religión, las creencias religiosas
pueden moldear la cultura de forma significativa. Cada cultura tiene sus
creencias respecto al sentido de la vida y lo que sucede después de la muerte.
Esto advierte cómo las personas en esas culturas abordan la muerte. Por
ejemplo, la muerte puede ser más tolerable para las personas que creen en la
vida después de la muerte. En algunas culturas, las personas creen que el espíritu
de alguien que falleció tiene una influencia directa en los familiares vivos.
Los familiares tienen el consuelo de que su ser amado los está cuidando. En
términos generales, las creencias sobre el sentido de la muerte ayudan a las
personas a comprenderla y afrontar su misterio.
En cada cultura, la muerte está asociada con diferentes rituales y
costumbres para ayudar a las personas en el proceso del duelo. Los rituales les
ofrecen a las personas formas de procesar y expresar su duelo. También brindan
maneras de que la comunidad ayude al doliente. Un doliente se encuentra en
duelo y de luto después de una pérdida. La muerte puede generar un sentido de
caos y confusión. Los rituales y las costumbres brindan un sentido de rutina y
normalidad. Otorgan indicaciones que ayudan a estructurar el momento que rodea
a la muerte. Además, indican los papeles de las personas para este momento. Los
rituales y las costumbres ayudan a abordar lo siguiente:
·
Cómo las personas cuidan a las personas que abordan la muerte. Esto
incluye quién está presente y qué ceremonias se llevan a cabo instantes antes y
después de la muerte.
·
Qué se hace con el cuerpo de una persona después de la muerte. Esto
incluye cómo se limpia y viste el cuerpo de la persona, quién lo manipula y si
se lo crema o entierra.
·
Si el duelo se expresa en silencio y en privado o en voz alta y en
público. Esto incluye si los llantos o sollozos en públicos son apropiados.
·
Si las personas de edades y géneros distintos atraviesan el duelo de
forma diferente.
·
Los rituales que se realizan después de la muerte y a quiénes se incluye
en estos rituales.
·
Cuánto tiempo se espera que los familiares estén en duelo. Y cómo se
visten y comportan durante el período de luto.
·
Cómo se honra al fallecido durante la vida de la familia. Esto incluye
rituales continuos para celebrar o hablar del fallecido.
·
Los nuevos papeles que se espera que tomen los familiares. Esto incluye
si una viuda se vuelve a casar o si un hijo mayor se vuelve la cabeza de la
familia.
Referencias:
Meza Dávalos, Erika G; García, Silvia; Torres Gómez, A; Castillo, L; Sauri Suárez, S; Martínez Silva, B. El proceso del duelo. Un mecanismo humano para el manejo de las pérdidas emocionales. Revista de Especialidades Médico-Quirúrgicas, vol. 13, núm. 1, enero-marzo, 2008, pp. 28-31
Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado Mexico, México. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=47316103007


No hay comentarios.:
Publicar un comentario