Para
Bermejo (1998:13), las actitudes fundamentales de la relación de ayuda o
acompañamiento son: La comprensión empática, la consideración positiva o
aceptación incondicional, y la autenticidad o congruencia.
Por
su parte Rogers dice (Bermejo 1998:13): “si puedo crear un cierto tipo de
relación, la otra persona descubrirá en sí misma su capacidad de utilizarla
para su propia maduración, y de esa manera se producirán el cambio y el
desarrollo individual”.
Para
lograr este tipo de relación, Bermejo (1998) nos dice que debemos de tener
presente que cuando el tanatólogo se presenta ante el paciente o el enfermo
terminal y a su familia, encontrará una persona que está viviendo una situación
de necesidad e inseguridad, que desea ser comprendida o iluminada, antes que
confrontada para encontrar alternativas a su conflicto, dudas e interrogantes.
Luciano
Cian, dice que la persona necesitada de ayuda o acompañamiento tanatológico se
encuentra en una dinámica que se puede sintetizar de la siguiente manera:
1. Está viviendo una situación que le supone una dificultad
concreta. El presupuesto fundamental en este momento es que nadie mejor que la
persona afectada por el problema conoce lo que está viviendo, las implicaciones
y los elementos en juego. Es él el protagonista, no el ayudante.
2. La dificultad, el conflicto que está experimentando, genera
sufrimiento. El ayudante (tanatólogo) es interpelado desde el sufrimiento
concreto que le acarrea la situación conflictiva que está viviendo.
3. El sufrimiento se expresa en diferentes sentimientos:
inseguridad, miedo, ansiedad, culpabilidad, confusión…
Este
autor nos lleva a comprender que este proceso antes descrito es vivido por la
persona en duelo de forma inversa, es decir, el tanatólogo debe estar
consciente de que la necesidad primordial para esta persona es ser aceptado a
pesar de su confusión, su incertidumbre, su miedo, su inquietud, con los
sentimientos que experimenta en ese momento y que pudieran perturbar al
tanatólogo.
Esperaría
también no ser juzgado, en otras palabras, que el tanatólogo lo acepte tal cual
es en este momento sin dar opiniones o consejos de tipo moral y que pueda
participar de alguna forma de su sufrimiento, que sea capaz de ponerse en su
lugar, con actitud empática y que vibre con él; para ayudarle a examinar las
dificultades, buscando el sentido de su problema sin emitir juicios, así como a
encontrar y clarificar las posibles soluciones para tomar una decisión o para
poder vivir de otra forma aquello que no tenga posibilidad de solución.
¿Cómo sabrá la persona que habla que está
acompañado y que la compañía está siendo brindada de forma profesional y
humana?
CON LA POSTURA FÍSICA. Se escucha con toda la persona. Se debe de considerar que
el lenguaje corporal habla más que mil palabras, que quien demanda la escucha
recibe a través de la cercanía, la mirada, los gestos, la sonrisa, el llamarle
por su nombre y el diálogo hacia él, la certeza de que es escuchado y acogido
con todo el ser.
CON LOS OÍDOS. Cuando se es capaz de parafrasear lo dicho por la persona,
es decir, cuando se puede repetir con las propias palabras algo que fue dicho,
tal como uno lo entendió, o proporcionar una explicación del contenido dará la
posibilidad a la persona que habla de confirmar o no lo expresado por él.
A TRAVÉS DE LA VERBALIZACIÓN. Esto es, expresar los sentimientos que se han percibido
detrás de las palabras escuchadas para reflejarlas o devolverlas al
interlocutor y saber de esta forma cuál es el estado emocional del mismo. Será
útil que el tanatólogo se exprese más con tono de interrogación que de manera
absoluta, para permitirle al otro contradecir lo que se dijo o lograr percibir
si el sentimiento es correcto o no.
ACOGIENDO EL SILENCIO, LEYENDO EN ÉL EL
MENSAJE QUE ENCIERRA. Gómez dice al
respecto que: “Es preciso educarse para el silencio. Sabe hablar quién sabe
también callar. Callar para permitir que se manifieste el otro. Hay momentos en
la vida, especialmente ante un gran dolor, en los que el silencio se convierte
en el signo más profundo de respeto. Respetar las pausas del silencio en la
relación es dejarlas 36 a disposición del que habla para que pueda sentirse a
sí mismo, revivir lo que narra, traer a la memoria lo que quiere decir… Y, por
último, se escucha también haciendo silencio dentro de sí, evitando todo juicio
sobre lo que dice, haciendo espacio al otro. Por su complejidad y riqueza es
importante no eliminar el silencio con preguntas o desviando el tema”. (Cit. en
Bermejo 1997: 74)
EL CONTACTO CON LAS MANOS. El tacto se utiliza para transmitir una gran variedad de
información, así como obtener respuesta a la pregunta de necesidad de ternura o
afecto que no es dicha o solicitada por la persona que habla.
Referencias:
Martín, M. (2014). Cuando tu camino y mi camino se cruzan ¿nos acompañamos? Acompañamiento tanatológico: un arte. Asociación Mexicana de Tanatología, A.C. Recuperado de: http://www.tanatologia-amtac.com/descargas/tesinas/231%20cuando.pdf
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